Domingo, 05 Febrero 2017 00:00

La misión de La La Land

 
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Betty Lyon Bonucci
En Twitter: @karollyon

“No me gustan los musicales”. He tenido que toparme con esa bendita frase cada vez que estrenan un musical. Y antes no me había importado en lo absoluto, pero justo ahora siento la necesidad de levantar la mano.

Soy defensora de los musicales, siempre lo he sido, porque creo que no hay manera más perfecta de medir el ritmo de una película que con esos altibajos que ofrece la música al momento de expresar emociones.

Muchos los consideran aburridos o absurdos, que adultos empiecen a cantar de la nada con una sincronía envidiable y que solo se logra, en la vida real, con horas y horas de ensayos, es algo que no podría ser tomado en serio. Pero para mí, se trata de ese momento en que las emociones son capaces de romper barreras y desafiar la lógica, ese instante en que los personajes cuentan con la libertad suficiente para trasladarnos a su cabeza.

Por eso esto no es un “vaya a ver La La Land para que vea de lo que se pierde”, porque es una película que aunque puede ser disfrutada por todo el mundo, por su música, sus colores, sus interpretaciones; se disfruta aún más cuando podemos reconocer nuestro bagaje cultural en cada uno de sus fotogramas.

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Por ejemplo, hace poco les hablaba a mis alumnos de La Crítica Cinematográfica, una electiva que se imparte en la UCAB-Guayana, sobre el crítico francés André Bazin, intentaba explicarles (y digo intentaba porque todos asentían con la cabeza pareciendo entender) sobre el Montaje Prohibido, una teoría que Bazin prácticamente patentó pues para él de eso se trataba el cine, de no utilizar el montaje como mecanismo de manipulación de la realidad, entonces aunque no llegó a decirlo con esas palabras, podríamos intuir que Bazin era feliz con montones de planos secuencia, esos en donde no hay cortes para cambiar de plano.

En sus escritos, Bazin usaba como referencia el filme El Globo Rojo de Albert Lamorisse, en el que un globo rojo persigue a un niño por las calles de París. El cineasta se las arregló para grabar planos secuencias del globo acompañando al jovencito.

Y usted dirá, ¿qué tiene que ver Bazin y el globo con La La Land? Pues que ambos están en ella.

La primera escena es un plano secuencia, y casi todos los números musicales de la película son planos secuencia. Sí, creo que a Bazin le habría encantado La La Land.

Y, dentro del epílogo, además de reconocer muchas de las películas a las que Damien Chazelle decide hacerle tributo, podemos ver al jovencito con su globo rojo paseando por París. Y eso tiene que ser magia. La magia del cine.

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Pero eso es solo una referencia, La La Land es mucho más que eso. Es una cinematografía de lujo a cargo de Linus Sandgren, quien trabajó previamente con David O. Russell en American Hustle y Joy.

Es una musicalización estupenda de la mano de Justin Hurwitz, un genio que entendió lo que el ambicioso filme de Chazelle necesitaba, que captó cada emoción del guión y la volvió accesible para sus intérpretes. Las melodías quedan en tu cabeza por días y, personalmente eso me parece bonito porque la música es calma.

Es también actuación pura, sutil y llena de gracia. Una Emma Stone, que cada día tiene más cara de ganadora, en su elemento: elegante, precisa, dándolo todo en cada uno de los rangos interpretativos que le ofrece Mía Dolan; y un Ryan Gosling lleno de matices, de romance, de sarcasmo y, aún más importante, lleno de pasión, interpretando a un Sebastian capaz de amar profundamente y con el coraje suficiente como para hacerle frente a las circunstancias. Porque de eso se trata la vida, del crecimiento a través de las relaciones, y no del crecimiento de una relación como el “final feliz” que Hollywood ha querido imponer. Es saber que la temporalidad está latente en la construcción de nuestros sueños.

Es hermosa en todos los sentidos posibles. Chazelle, director y guionista de La La Land, nos pinta lo que existió en su cabeza durante muchos años, incluso antes de su grandiosa Whiplash: un musical que desafiara las reglas, que evocara lo mejor del a veces incomprendido género, y que nos recordara que la vida es eso: nostalgia, aprendizaje y metas.

Trailer de La La Land (Damien Chazelle, 2016)

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