Jueves, 02 Junio 2016 00:00

Calidad de vida: del pico al foso

 
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Calidad de vida: del pico al foso Foto Archivo

No hay sector en la economía o segmento laboral que no esté afectado por la hiperinflación; incluso inversionistas que tomaron previsiones han bajado las santamarías: alrededor de ellas hay personas que se les ha disminuido su calidad de vida.

HectotLucena2El nivel de la calidad de vida de los venezolanos alcanzó su pico en la segunda mitad de la década de los años 70, y luego, paulatinamente fue desmejorando a lo largo de las décadas siguientes. El desmejoramiento gradual permitió a las personas ir haciendo ajustes para adaptarse a las realidades que venían emergiendo.

Con los ajustes muchos lograban mantener sus niveles de vida. Muchos de éstos, si se quiere, eran prácticas normales en otras sociedades, por ejemplo nos referimos al hecho de contar con dos ingresos en el hogar, ya no sólo el del hombre, sino aportes de ambos cónyuges; en las reivindicaciones gremiales vía los convenios colectivos se lograban más beneficios para la reproducción de la fuerza de trabajo, especialmente en temas como salud, acceso a los productos, comedores o bonos para alimentación, recreación y educación.

Este período de mejoramiento continuado en las condiciones materiales del venezolano tiene en una primera etapa un gobierno no democrático, pero que promovió un desarrollismo efectivo en obras materiales, como fue el gobierno de la década de los años 50... Que luego se complementó en los años 60 y 70 con progreso social, manteniendo el mejoramiento de la infraestructura. Así que ahí están los 30 años dorados de la Venezuela moderna.

En la literatura sobre desarrollo en el mundo occidental es frecuente la frase los 30 gloriosos, que se refieren casi a los mismos períodos que mencionamos para Venezuela. Luego vinieron en los años 80 y 90 turbulencias políticas y económicas que alteraron el ritmo evolutivo. El país dejó de crecer y mejorar, en algunos años se mantenía, pero en el balance desmejoramos en calidad de vida.

Salarios débiles 

Ahora queremos venir al presente que así como se hizo alusión al pico hace varias décadas, toca mencionar lo contrario, que sería la fosa en donde nos encontramos en cuanto a la calidad de vida de los ciudadanos. Veamos los distintos segmentos asociados al trabajo y los efectos en su calidad de vida por el deterioro sostenido en varias décadas.

     
 

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En primer lugar: la débil situación de los salarios o ingresos por el trabajo realizado bajo condiciones de dependencia, los asalariados, sin duda la situación más extrema en cuanto a fragilidad ante los embates inflacionarios hasta el pasado año, pero hiperinflacionarios en el presente. Es el segmento que ha experimentado el mayor deterioro en su calidad de vida. Aquí se incluyen sectores laborales de condición popular y de una medianamente desarrollada clase media que se constituyó por el avance en la educación y su inserción en actividades modernas.

Otro segmento que aglutina a densos sectores laborales con un marcado deterioro de su calidad de vida son los trabajadores en condiciones de independencia, pero íntimamente ligados a actividades llevadas a cabo por empresas de mediano y gran tamaño que también resienten la situación económica y han disminuido su actividad productiva, repercutiendo directamente en el recorte de actividad de aquellos independientes que giran alrededor de las anteriores. Aquí se incluyen los que venden los productos, los que surten de insumos, los que transportan, los que prestan servicios por ser actividades no centrales al negocio principal, ya sea en comedores, informática, seguridad, limpieza, servicios profesionales y gestiones diversos.

Entre los trabajadores independientes también se tienen a los que prestan sus servicios o venden sus productos al consumidor final, por tanto no forman parte de la periferia de otras empresas, hay una independencia más visible que el grupo del párrafo anterior.

Sus condiciones de vida están atadas a que puedan conseguir los elementos para poder hacer sus bienes o prestar sus servicios, y ya ese es un problema central, porque la escasez los lleva a parálisis recurrentes, dejándolos incluso sin ingresos, teniendo que comerse los ahorros o migrar a otras actividades. ¿Habrá mayor incertidumbre que esa?

Una cuarta categoría son los rentistas privados. Aquellos que en sus años de mayor capacidad productiva ahorraron e invirtieron en propiedades inmobiliarias, o también quienes recibieron de sus antepasados en herencia, bienes inmobiliarios o tierras que las rentaban y que de su administración lograban el sustento para vivir. Aquí hay un contingente importante de personas de la tercera edad. Su nivel de vida ha bajado, porque las propiedades para su alquiler están sometidas a regulaciones que los atemoriza, independientemente que sean de grandes propiedades o de modestas que apenas alcancen para vivir, las regulaciones y la manera de administrarlas ahogan la vida de quienes optaron en sus años más productivos por esta opción.

Los propietarios de empresas medianas y grandes. Este segmento es el que convencionalmente es considerado el capitalista. Se sabe que al capital le importa en primer lugar la acumulación y la preservación de las propiedades. Capital que no logra acumular y no tenga capacidad de renovarse está destinado a sucumbir.

Si bien las propiedades son las que menos sufren en un ambiente inflacionario como el reinante, pero no es el objetivo central del capital preservar el valor real de las propiedades productivas, sino poder hacer con ellas lo suficiente para ampliarse. Hoy se cuentan por miles las empresas cerradas, por cientos las que se han ido del país. Así que alrededor de ellas hay personas que se les ha disminuido su calidad de vida.

Se asume en líneas generales que en cuanto a calidad de vida se ha llegado al foso, y es por ello las turbulencias que hoy se observan a diario en materia política.

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