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Lunes, 26 Febrero 2018 00:00

27 personas viven en una barraca de zinc en San Félix por engaños de promesas habitacionales

 
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En una misma barraca viven entre cinco y hasta 27 personas En una misma barraca viven entre cinco y hasta 27 personas Fotos William Urdaneta

Se arriesgaron a vivir entre cuatro láminas de zinc mientras construían las viviendas, las que llevan esperando más de tres años luego de la promesa de sustitución de rancho por vivienda de la Gobernación de Bolívar e Inviobras. Instituciones que siguen sin darles respuesta. Poca alimentación, desborde de aguas negras, basura y brote de paludismo es parte de lo que viven día a día los residentes del sector El Hueco, en la base de misiones de la Ruta I de Vista al Sol, en San Félix.

Hace más de tres años de la promesa del Gobierno de Sustitución de Ranchos por Vivienda para los habitantes del barrio El Hueco, de la Ruta I de Vista al Sol. El sueño de contar con una casa digna los hizo derrumbar la que ya tenían, o armar con láminas de zinc una barraca de manera provisional, pero la mayoría, con suerte, apenas tiene una losa.

Los reclamos los han hecho y la promesa es la misma, sobre todo en época electoral, aunque aseguran que eso no ocurrió al menos en las dos últimas elecciones. Ni siquiera para las que fueron convocadas este año. Simplemente nos olvidaron, coinciden los vecinos.

Con ello vienen otros problemas: el hacinamiento en una misma vivienda, brote de enfermedades -entre ellas el paludismo, que tantos infectados cuenta ya en el estado Bolívar-, desborde de aguas negras cuando llueve, irregularidad en la entrega del CLAP y el aseo urbano que definitivamente desapareció del barrio.

27 personas en una misma casa

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Familias viven hacinadas a la espera de la terminación de las viviendas
 

Brisleidis Calzadilla tiene 31 años y es madre de siete hijos. Como ella misma describe, vive arrimada con su papá y otros niños. En total son 27 personas las que viven juntas en una pequeña barraca de zinc. Así han vivido en estos tres años, esperando la promesa de la sustitución de ranchos por vivienda. Y así sobreviven a la falta de comida y al paludismo.

“Uno tiene que sobrevivir con lo poquito que medio consigue porque si uno se pone a esperar el CLAP, ¿cuándo llega el CLAP?, y cuando viene lo que trae es para uno comer un día. A veces comemos solo dos veces al día. En mi familia ya hubo cinco casos de paludismo. Paludismo hay por bastante en este sector. Del gobierno nadie ha venido a tratar lo del paludismo, ni en época de elecciones, acá nos olvidaron completamente, terminaron tres casas y más nunca vinieron. Ni siquiera el gobernador nuevo ha venido”, relata Brisleidis.

Un embarazo sin concluir

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La historia de Carmen Calzadilla es otro reflejo de la precariedad y las pocas condiciones sanitarias con las que vive esta comunidad. Estaba embarazada, hace cuatro meses perdió al bebé. Constantemente debía cargar agua, no cuenta con un baño, y cuando llueve también tiene que vivir con el desborde de aguas negras.

Casi todos los muebles se les han dañado, las camas sobreviven gracias a bolsas plásticas que coloca en las patas para que el agua no pudra la madera.

“Problemas hemos tenido por demás, tumbamos los ranchos, y tenemos tres años esperando por la casa. Nos abandonaron completamente. Por acá no viene ni el técnico, ni el ingeniero… no viene nadie a darnos soluciones. Ya las estructuras están podridas, los ranchitos que armamos ya se nos están cayendo. Hay demasiado paludismo, demasiada enfermedad. Estuve embarazada y perdí a mi bebé. Ese rancho es un charquero. Estamos viviendo incómodamente mientras ellos (personal del Gobierno) viven frescos. Lo que queremos es que nos den solución”, contó Carmen.

Esa mañana, su esposo estaba haciéndose un examen para detectar si tenía paludismo. “Una prueba paga porque va al módulo y no hay reactivo, después no hay medicamento. Son tres años viviendo mal, los hijos de uno enronchados. En ese rancho no tengo ni baño ni piso, vivimos cinco personas, todos mis corotos se me dañaron, lo único que me queda son las camitas. Confiamos en el Gobierno, y ni siquiera un techo nos han traído”, agregó.

Una familia que a veces no come nada

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Cuando llueve, el desborde de aguas negras penetra en las barracas
 

Adrián y Ángelo Martínez, de 21 y 19 años respectivamente, son hermanos y viven en la misma barraca junto a otros 11 familiares; entre ellos, cuatro niños. Cada uno cuenta con un pequeño lugar para medio acomodarse y dormir.
“Dormimos con los muchachos todos pegados, a veces con la lloradera a media noche”, comenta uno de ellos.

Ambos trabajan, pero lo poco que perciben apenas alcanza. Su hermana es la que más puede contribuir y tampoco es suficiente.

“Hay días que comemos dos veces al día, hay otros que no comemos nada en todo el día, nos sacrificamos por los más pequeños porque ellos no aguantan”, reconoció Andrés.

Por los menos a cuatro de los 13 habitantes del rancho les ha dado paludismo. Otros se han enfermado con fiebre y vómito.

“Solo comemos yuca y chino”

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El aseo urbano dejó de pasar hace 11 años, aseguran vecinos
 

Eran aproximadamente las 11:00 de la mañana y Santa Díaz preparaba el almuerzo del día para dos adultos y tres niñas: yuca.

“Estoy viviendo incómoda con mis muchachos, cada vez que llueve sale hasta los excrementos, se desborda por toda la casa. Confiamos en el Gobierno, que nos iban a hacer nuestras casitas, pero nos engañaron feo”, lamentó.

Trabaja limpiando en casas de familia. Suelen llamarla una o dos veces a la semana y le pagan entre 80 mil y 120 mil bolívares.

“¿Qué compro con eso? Si te soy honesta, aquí lo que comemos es yuca y chino, una arepa cada dos o tres meses, igual que unos espaguetis”.

“No vivíamos en unos palacios, pero vivíamos con piso”

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En casi todas las casas improvisadas con zinc se han presentado casos de paludismo
 

Ana Luisa Domínguez tiene 69 años, y en esta etapa de su vida también tiene que seguir viviendo en precarias condiciones, soñando con que hace tres años tendría su vivienda.

“No vivíamos en unos palacios, pero vivíamos con piso. ¿Para qué nos hicieron tumbar los ranchos? Esa gente se acuerda de uno cuando hay elecciones, este año no han venido ni una vez”, afirma Ana Luisa.

Acota que a los tantos casos de paludismo, aguas negras y demás, el servicio de aseo urbano desapareció por lo menos hace 11 años.

¿Aún confían en el Gobierno?

Algunos ni se molestaron en participar en las últimas elecciones, otros no están convencidos, pero no lo manifiestan abiertamente. A pesar de su molestia y su decepción, todavía queda parte de ese pensamiento de lo que llamaron revolución.

Y es que así como afirman que el Gobierno los abandonó, sostienen que tampoco han tenido acompañamiento de un sector diferente.

- ¿Ustedes dicen que siempre han sido revolucionarios, aún se sienten revolucionarios?

- Un poquito, porque estamos decepcionados, fuimos engañados, responde Santa Díaz.

“Ya perdimos las esperanzas, soy revolucionaria al 100% pero ya perdí las esperanzas de todo porque no nos dicen nada”, coincide Carmen Calzadilla.

“Somos de revolución, pero lo que esperamos es que nos den solución, que el nuevo gobernador nos atienda”, agrega Brisleidis Calzadilla.

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La mayoría de las familias suelen comer diariamente yuca y ocumo chino. A veces no comen nada

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