El indígena pemón de 49 años tiene meses postrado en una cama, tras una lesión en la médula espinal y fractura de vértebras. Militares le dispararon en el abdomen la madrugada del 22 de febrero de 2019 cuando se acercó a Zoraida Rodríguez, minutos después de ser herida frente a su casa en Kumarakapay.

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La lesión por arma de fuego causó una fractura osteolítica de la vértebra L5 en la columna de Fernández

Kumarakapay.- Onésimo Fernández lee una revista religiosa acostado en la cama de su habitación en Kumarakapay, una comunidad indígena pemón del municipio Gran Sabana, al sur del país. El dolor lo aflige. Apenas puede hablar, en medio del sufrimiento que aún le genera aquel balazo de arma militar que recibió por parte del Ejército en la madrugada del 22 de febrero de 2019, en la vía principal de la comunidad.

Fernández recuerda el paso de las unidades militares y el retorno de varios uniformados hasta el puente, próximo a la localidad, apenas un día antes del intento de ingreso de ayuda humanitaria por la frontera con Brasil. La comunidad apoyaba la entrada de medicinas e insumos y lo había declarado abiertamente días antes.

Eran las seis de la madrugada de ese viernes. Luego del paso de tres convoyes militares y el inicio de los disparos, por parte de los uniformadores militares, a Fernández lo hirieron primero con un perdigón. “Me aguanté”, recuerda. “Después, cuando mataron a una señora (Zoraida Rodríguez), yo fui a verla, allí me dispararon, al esposo también le dispararon por la espalda”, dijo en alusión a Zoraida y su esposo Rolando García, dos de las siete víctimas de los ataques violentos que ocurrieron desde el 22 de febrero en territorio pemón.

Fue trasladado al ambulatorio y luego al Hospital General de Boa Vista, en la capital del estado brasileño de Roraima, junto a otros dos heridos. En la ciudad brasileña estuvo siete meses recluido hasta su retorno a Kumarakapay.

Un año después del ataque, Fernández no camina y evita estar en silla de ruedas, pues el dolor es mayor, señala. Tampoco puede dormir de forma continua. El resultado de la tomografía computarizada de la columna, realizada el 25 de febrero de 2019 en una clínica de Boa Vista, indica la trayectoria de lesión por arma de fuego que penetró el cuerpo vertebral y causó una fractura osteolítica de la vértebra L5.

- Viene el doctor y mi hermana y le dice:

‘tu hermano ya no puede caminar más,

tiene que estar en silla de ruedas’.

- Yo solo los escuchaba hablar.

La gente siempre me decía ‘si te duele,

tienes vida todavía’.

     
La activa vida de Fernández ha quedado reducida, tras un año del ataque que lo dejó parapléjico

El resumen de alta del Hospital General de Roraima, del 26 de marzo de 2019, señala que la herida de bala en la región toracoabdominal evolucionó con lesión gástrica y paraplejia “debido a lesión de la médula espinal y fractura traumática por proyectil”. Fernández recibió el alta con instrucciones de seguimiento en el servicio de cirugía general y fisioterapia motora, pero luego de volver a su residencia en Kumarakapay incluso el acceso a las medicinas para el dolor ha sido limitado.

“No había nada de medicamentos ni comida, de afuera querían meter ayuda humanitaria. Salimos a ayudar y apoyar para que entrara la comida, la medicina, y el gobierno vino con su fuerza, con su ejército y nos dispararon”, recordó el hombre de 49 años, que se dedicaba a la agricultura, artesanía y minería. “Desde la cintura está dormido, no se mueve nada (…) Y estoy así, sin apoyo, sin nada, sin medicamentos… me está doliendo mucho, pero ¿a quién voy a pedir medicamentos?”, dijo.

Kendal Donald, un guía turístico y amigo de Fernández, lamenta la crítica situación de la comunidad por la caída del turismo, luego del ataque militar y el cierre de la frontera. “Onésimo era activísimo, en las minas, artesano, subiendo las matas de moriche para tumbar cogollo para hacer cestería, ahora no puede hacer nada y era el sostén de la mamá”, señaló.

“Aquí él se va a deteriorar, hay que buscar alguna forma de ayudarlo porque no puede quedar así. Si aquí en Venezuela no se puede ayudar, hay que buscar alguna forma de llevarlo nuevamente a Brasil”, expresó.

De los más de 10 heridos, Fernández es el que se mantiene en el estado más crítico. Sin ingresoseconómicos, su alimentación es pobre y las posibilidades de recuperación, lejanas. Sus familiares claman por justicia y por aportes que permitan una mejora de su calidad de vida.



 
 

Editorial Roderick