Luego de más de cuatro décadas de lucha laboral en CVG Ferrominera Orinoco, al jubilado conocido como “La Múcura”, le quemaron su camioneta en su casa en 2018 en el contexto de las protestas laborales en la industria del hierro. Ese año se le prohibió ingresar a la estatal.

@joelnixb

Omar Marcano, mejor conocido como La Múcura, tiene 10 años jubilado de la estatal CVG Ferrominera Orinoco, tras 35 años en el movimiento sindical de la extractora y procesadora de mineral de hierro. En 2018, en el contexto de las protestas laborales por reivindicaciones salariales, fue atacado en su casa en Palúa: su camioneta fue quemada. Desde ese año, tiene prohibido el ingreso a la compañía.

Marcano entró la industria del hierro en 1974 con la Iron Mines Company of Venezuela. A finales de ese año se encontró con el primer paro en la empresa por la nacionalización del hierro, hecho que se concretó el primero de enero de 1975, cuando en Ciudad Piar el expresidente Carlos Andrés Pérez declaró la nacionalización. Un año después, CVG Ferrominera Orinoco comenzó sus operaciones.

Marcano tenía 19 años y era bedel de la compañía. “Se presentaron muchas cosas, en el movimiento sindical hubo muchos enfrentamientos y yo hablé y, aunque muchos vieron mi intervención como un chiste, desde ahí me incorporé al sindicato de la seccional Palúa, tengo una historia de lucha sindical desde hace casi 50 años”.

Participó en 11 contrataciones colectivas en Ferrominera, entre las que recuerda la promulgación del cheque abasto social y el parcial, el mejoramiento de cláusulas de sobretiempo, utilidades y vacaciones o la jubilación. “El trabajador que antes se iba jubilado recibía una bonificación para su ida que le rendía mucho y avanzaba en su salario”.

Desde su jubilación continuó trabajando como asesor del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera (Sintraferrominera) encabezado por el secretario general Rubén González, hoy preso político. “Rubén y yo nos unimos, a pesar de que él era de la izquierda y yo de la derecha, por esas alianzas vinieron muchas cosas, él estuvo preso y yo también”. El 12 de enero de 2015, Omar Marcano fue detenido en el aeropuerto internacional Manuel Carlos Piar de Puerto Ordaz, cuando tenía previsto dirigirse a una audiencia del trabajador Rodney Álvarez en Caracas.

“Estuve preso porque paré Ciudad Piar junto con Rubén González. Dentro de la contratación colectiva había unas cláusulas que a Rubén y a mí no nos parecían y no queríamos firmar y paramos la empresa, tanto en Ciudad Piar como aquí. Como la lucha en Puerto Ordaz siempre fue más débil nos fuimos a Piar y allá nos apertrechamos con los trabajadores”.

Estuvo recluido por seis meses en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Puerto Ordaz, luego de que el Tribunal Cuarto de Control se declarara incompetente. “Me llevaron a Caracas y el tribunal allá también se declaró incompetente, me volvieron a traer a Guayana y nada, hasta que mi familia, junto con unos trabajadores y abogados encontraron que mi caso estaba en Caracas en la Fiscalía 52”. Lo siguiente fue una medida cautelar que contempló que Marcano se presentara una vez al mes en Caracas durante seis años.

En las protestas laborales que arrancaron en Ferrominera el 6 de agosto del 2018, Marcano acudió a diario al portón. A raíz de eso, presume, lo perseguían. “En mi casa de madrugada quemaron mi camioneta, gracias a Dios no explotó. Junto con mi hija, mi esposa y mis vecinos logramos apagarla, no tengo pruebas y no acudí a ninguna institución a poner la denuncia pero sé que fue porque yo iba en mi camioneta todos los días durante ocho meses al portón”.

Desde 2018 se le prohibió el paso a las instalaciones de la compañía. No puede ingresar ni siquiera al banco, solamente puede visitar el hospital.

“Así esté jubilado me mantengo en una lucha social que no abandono porque yo soy parte de esto y como jubilado, al igual que todos, me están quitando mis beneficios, defiendo todo por lo que luché, abandonar ahorita es un irrespeto a los trabajadores”, finalizó Marcano.

 
 

Editorial Roderick