El dirigente del sector briquetero ha sido blanco de la criminalización de la protesta laboral: primero se le impidió el acceso a la planta, luego le suspendieron el sueldo y, posteriormente, despedido.

Rona Figueredo trabajó durante 20 años en Orinoco Iron cuando por rechazar una serie de medidas laborales impuestas por el gobierno de Nicolás Maduro fue arbitrariamente despedido. “Pensar distinto me costó el trabajo”, afirma el dirigente del sector briquetero.

Figueroa es técnico metalúrgico, y además de su trabajo en la estadal, fue el director del Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (Inpsasel) 2009-2010, coordinador del Comité de Seguridad y Salud Laboral (CSSL) por 11 años, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Orinoco Iron (Sinatraori) y representantes del Movimiento 18 dentro del sector briquetero.

Para Rona, el 2018 fue el año de la radicalización de las medidas en contra de los trabajadores, desencadenando un gran número de protestas, en su mayoría, desmovilizadas con la persecución de sus principales referentes y protagonistas.

“Fue el año de la criminalización de la protesta. Todos los líderes que protestábamos eran perseguidos y detenidos. El caso más emblemático es el de Rubén González”, aseguró el exdirigente sindical.

El 11 de octubre de ese mismo año, el Ministerio del Trabajo hizo público el Memorando-Circular 2792, donde la igualdad salarial y el desconocimiento de los factores de cálculo de las convenciones colectivas fueron los puntos más controversiales.

“El memorando 2.792 significó el empobrecimiento de todos los sectores (…) los más 50 años de luchas sindicales para lograr todas las convenciones colectivas se esfumaron. Se empobreció el sector productivo”, señaló Figueredo.

Pensar distinto, la causa del despido

La manifestación de la dirigencia sindical en rechazo al memorando 2.792 causó que a Rona Figueredo se le impidiera el acceso a planta, se le suspendiera el sueldo y, posteriormente, costó su despido.

“Fuimos a reunirnos con Pedro Maldonado (presidente de la CVG para entonces) en Caracas y como manifesté que no firmaría nada porque consideraba que eso iba en contra de la clase trabajadora me suspendieron de la planta”, rememora Figueredo.

Además, indicó que lo despidieron bajo el pretexto de que él “constituía una amenaza para la integridad del presidente de la empresa y de haber ocasionado pérdidas millonarias”.

Rona y sus compañeros presentaron el reclamo ante la Inspectoría del Trabajo. “Primero lo hicimos por la suspensión del sueldo, luego en 2019 hicimos la solicitud de reenganche, pero la inspectora del trabajo dejó sin efecto la solicitud”, denunció.

Asimismo, los trabajadores presentaron la denuncia al equipo de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, donde hacían un recuento de los casos de violación a la libertad sindical, el éxodo de trabajadores y los despidos arbitrarios por causas políticas.

Matando tigritos para sobrevivir

Tras su despido forzoso de Orinoco Iron, Rona Figueredo ha tenido que reinventarse para poder conseguir empleo y generar un sustento para su familia. Sus conocimientos en seguridad industrial, refrigeración industrial y su destreza con soldaduras le han permitido conseguir un ingreso para enfrentarse al día a día.

“Me dedico a eso, es un trabajo personal. Como decimos coloquialmente matando tigritos es que pudo garantizarle algo a mis hijos y a mi familia”, explicó el líder sindical.

Figueroa reafirmó su convicción de seguir aportando, desde su espacio, a que se alcance la democracia para así lograr la mejora de las condiciones, no solo laborales, sino en todos los sectores del país. “La lucha no es por el salario, eso está en segundo plano. Es por la prosperidad y la libertad de la nación”, concluyó.

 
 

Editorial Roderick