Correo del Caroní y medios del interior de Venezuela se unieron para ofrecer a sus lectores un registro más amplio de la crítica situación del gas doméstico en el país. En esta entrega les ofrecemos el panorama en Bolívar y Falcón.

TalCual

    Autores: Arletty Velázquez, La Mañana y José Rivas, Correo del Caroní

Correo del Caroní y varios medios del interior de Venezuela se unieron para ofrecer a sus lectores un registro más amplio de la crítica situación del gas doméstico en el país. En esta entrega les ofrecemos el panorama en Bolívar y Falcón.

En agosto el déficit de gas en bombonas en el país rondaba el 70%. El desabastecimiento de gas doméstico es otro de los servicios públicos que ha empeorado en Venezuela, dada la crisis económica y la debacle de la industria petrolera. Algunos venezolanos han podido paliar la situación adquiriendo cocinillas eléctricas, pero muchos han tenido que recurrir a improvisar fogones y a la compra o búsqueda de leña para cocinar, por razones económicas y/o por los prolongados cortes eléctricos que padecen zonas como Táchira, Lara, Falcón o Zulia.

Correo del Caroní (Bolívar), junto a TalCual, El Tiempo (Anzoátegui),  La Mañana (Falcón), El Impulso (Lara), La Nación (Táchira), Yaracuy al Día (Yaracuy) y La Verdad (Zulia) se unieron para ofrecer una visión más amplia de esta problemática y práctica instaurada en distintas comunidades, urbanas y extraurbanas del país.

Guayaneses sacan la leña de pequeños pulmones vegetales

    La tala causa un daño irrecuperable en la biodiversidad animal, cuando se quita el árbol del suelo se destruye el “sombrero” que termo regula ese espacio, se acaba con nidos y con la fuente de alimentación de animales herbívoros

La escasez de gas en el 2020 se ha agravado en Ciudad Guayana, en la misma medida que se ha acentuado la crisis de la gasolina en el estado Bolívar. Ciudadanos pasan hasta tres y cuatro meses esperando el despacho de los cilindros de gas doméstico. Mientras tanto, en los mercados informales son vendidos por encima de los 30 dólares, un monto inalcanzable cuando muchos dependen de un salario mínimo de 0,90 centavos de dólar al mes para sobrevivir.

En mayo, la escasez de gas era alarmante. En la planta de Gas de Unare apenas llegaba una cisterna cada dos días, cuando antes recibían cinco diarias. De las 25 rutas que atendían solo estaban abasteciendo a cinco, todo esto acentuado por la insuficiencia de cilindros y las pocas unidades de transporte para la distribución.

Esto ha generado que las personas carguen leña en trayectos de hasta más de tres kilómetros en carretillas, carruchas o sobre el hombro. En Puerto Ordaz, el Parque Cachamay -uno de los pulmones vegetales de la ciudad- está entre los principales afectados por la tala de árboles. Vecinos de zonas cercanas cortan a diario pedazos de madera en este espacio turístico.

Pese a que vecinos de estos urbanismos cierran calles y trancan avenidas en protesta, son nulas las respuestas por parte de autoridades del Estado. En Villa Gumilla, en San Félix, protestaron más de tres días seguidos en agosto por fallas en el suministro. Desde Bolívar Gas, prometieron atender a personas mayores, enfermos y mujeres que dependieran del suministro de gas para sus pequeños negocios de venta de comida o dulces. Sin embargo, a principios de octubre, cumplían ocho meses sin ser atendidos.

Frente a este sector queda el parque La Fundación, un antiguo centro de esparcimiento e ícono del desarrollo industrial de Guayana que se ha convertido en otro espacio de tala para conseguir leña. Habitantes de sectores cercanos como Luis Hurtado Higuera, Buen Retiro y Francisco de Miranda, entran desde las 6:00 de la mañana y salen sudados, con las manos sucias y cargando bultos de leña para al menos tres o cuatro días.

“Da tristeza ver bajar todos los días a mis vecinos con madera”, comentó Katherine Jiménez, habitante del sector, quien apunta que sufren constantes oscilaciones eléctricas, por lo que la leña es la única alternativa. “¿Cómo uno le dice a alguien que no corte madera?, preguntó.

La crisis del gas ha hecho retroceder a comunidades que años atrás fueron ejemplo de desarrollo para Ciudad Guayana. En Palúa, el primer sector urbanizado de San Félix, los ciudadanos transitan a diario sus calles sacando leña de las zonas boscosas cercanas al río Orinoco. En otros sectores como Francisca Duarte, venden leña en plena calle mientras que las comunidades indígenas de la etnia Warao, no conocen lo cómo es cocinar con bombonas.

Pdvsa Gas y el gobernador de Bolívar, Justo Noguera Pietri, anunciaron en 2018 que la planta de gas doméstico en el sector de Chirica, en San Félix, garantizaría la distribución de gas a 20 mil familias al día, luego de un año paralizada. Dos años después, en febrero de 2020, trabajadores señalaron que el déficit en la cobertura alcanzaba a 60%: De 12 mil familias que atendían diariamente, solo podían atender en ese momento a 5 mil.

En Falcón se cocina con “leña-gas”

    Los efectos dañinos que conlleva el uso de leña de vegetación inadecuada, son muchos porque no todos los árboles sirven para leña, ya que producen una reacción bioquímica particular con efectos más nocivos

Desde hace más de un año, tener una bombona llena de gas en casa es una suerte con la que no cuentan la mayoría de los falconianos, gracias a la incapacidad de respuesta oportuna por parte de la empresa estadal Gasfalca para satisfacer la demanda, ya que depende del llenado de gandolas en el Complejo Petroquímico de Jose en Anzoátegui, único proveedor de Gas Licuado de Petróleo (GLP) a escala nacional en la actualidad.

Quienes no pueden pagar una bombona en 5 o 7 dólares, en el mercado negro, deben apelar por las hornillas eléctricas, de poca utilidad en esta región que sufre constantes y prolongadas fallas eléctricas. La alternativa que queda en los hogares es el encendido de fogones a punta de leña improvisados en parrilleras, viejos artefactos o encima de piedras.

Mujeres, hombres, niños y ancianos, cargan a cuestas o en carruchas los montones de leña recolectados en montes, terrenos baldíos, montañas y ya, en algunas zonas, va quedando evidencia de la desaparición de vegetación autóctona, como atestiguó Jovito Ollarves, habitante del municipio Zamora quien acudió a buscar leña en un cerro ubicado en el sector Alta Vista de Cumarebo y, se encontró con que los cujíes habían prácticamente desaparecido.

Para Henderson Colina, especialista en desarrollo sustentable y coordinador de cooperación Internacional de la Asociación de Ecologistas para la Preservación del Ambiente (AEPA) Falcón, pasar de la tecnología moderna a cocinar con biomasa natural constituye un retroceso en un país rico en recursos energéticos, pérdida de calidad de vida, peligro en materia de seguridad ante la posibilidad de provocar incendios de estructura y además, un riesgo para la salud en un contexto de pandemia que tiene características de enfermedades respiratorias.

A lo anterior, suman los efectos dañinos que conllevan el uso de leña de vegetación inadecuada, porque no todos los árboles sirven para leña, ya que producen una reacción bioquímica particular con efectos más nocivos. El protector del medio ambiente falconiano, manifiesta que son incalculables los metros cuadrados de bosque que se necesitan, cuando durante una semana en una zona popular de 5.000 familias, el 50% enciende una vez al día 6 pedazos de madera solo para calentar una olla de agua.

Por otra parte, destaca el daño irrecuperable en la biodiversidad animal “cuando quitas el árbol del suelo estás destruyendo el “sombrero” que termo regula ese espacio, estás destruyendo nidos y la fuente de alimentación de animales herbívoros.

Para Colina los venezolanos “no podemos adaptarnos a la miseria”, recuerda que el Estado tiene la obligación de buscar una solución en cuanto al tema energético. “Somos un país con las mayores reservas de petróleo, gas, minerales, uranio, piedras preciosas. ¿No hay gasolina? Y se derrama el petróleo en el océano. Hay que recuperar la institucionalidad y productividad del país, Venezuela se ha convertido en un muy mal ejemplo para muchos temas y uno de ellos, es el manejo de los recursos naturales”. 

 
 

Editorial Roderick