Un número importante de las obras prometidas y nunca acabadas, pese a los recursos invertidos, son de carácter social, como el hospital tipo III de San Félix o el nuevo relleno sanitario. La bancada oficialista del CLEB fue cómplice en la aprobación de recursos sin contraloría alguna.

arias gestiones de la Alcaldía de Caroní y la Gobernación de Bolívar pasaron sin culminar una serie de obras, varias de ellas, prometidas en épocas de campaña o precampaña electoral. Muchas quedaron a medias, otras no avanzaron más allá del movimiento de tierra, mientras se malversó gran cantidad de recursos.

El 30 de septiembre de 2011, el entonces gobernador Francisco Rangel Gómez anunció en rueda de prensa el saneamiento y posterior cierre del vertedero de Cambalache, en Ciudad Guayana.

   
Más de una docena de espacios abandonados
y desmantelados reflejan la destrucción
en Guayana

Debía estar listo para 2014, pero la realidad, es que ese año solo se hizo un cierre improvisado, consecuencia de las protestas de los residentes de la comunidad de Cambalache por la constante quema de basura.

El 17 de octubre cerraron el acceso a la zona, dos días después Rangel Gómez anunció el cierre e informó que el terreno de Las Margaritas, en la vía del kilómetro 70, estaba apto para la construcción del nuevo relleno sanitario. En Cambalache no hubo ningún saneamiento como prometió.

En Las Margaritas comenzaron a enterrar la basura, y después de cerrar el acceso a esta zona se dispuso habilitar Cañaveral, en la vía a Sisor, como un relleno temporal. Para finales de octubre de 2014, el entonces viceministro de Ambiente, Miguel Rodríguez, sostuvo que el relleno sanitario se construiría en Las Margaritas. Prometió la obra para marzo de 2015. Sin embargo, en enero aplazó la inauguración y siguieron utilizando a Cañaveral como relleno temporal, hasta que en 2016, Rangel Gómez anunció que este sería el terreno que quedaría para la construcción del relleno sanitario definitivo.

En julio de 2016 comenzaron las obras y debían culminar en noviembre de ese mismo año. Hoy los desechos sólidos se esparcen por todo el terreno de la zona de Cañaveral sin ningún tipo de tratamiento. La obra quedó completamente abandonada. En el sitio queda el letrero y parte de la estructura de lo que sería el relleno sanitario de Ciudad Guayana.

Viven de la basura

Así como hacían en Cambalache, varias familias se trasladaron hasta Cañaveral para seguir viviendo de la basura. Uno de ellos, cuya identidad se resguarda, tiene por lo menos seis años trabajando en la recolección de aluminio y plástico de los desechos destinados en Cañaveral.

“El plástico lo pagan a 10 bolos (10 mil bolívares) y el aluminio a 20 bolos. Vendemos el aluminio y con eso uno compra el arroz, cualquier cosa. Para estar sin hacer nada, es mejor venirse para acá, porque no hay trabajo ahorita.

Tengo seis años acá. Anteriormente me dedicaba a matar tigritos limpiando, pintando, pero cuando empecé acá me quedé. Es mejor trabajar por nuestra propia cuenta. Si no vendo aquí, vendo afuera, en la recuperadora de Vista Alegre”.

Señaló que a la zona ingresan camiones de todas partes, incluso de hospitales. Allí destinan desechos hospitalarios. Incluso, ha llegado a encontrar partes de cuerpos humanos.

“La mayoría de los que viven aquí eran de Cambalache”, asegura una señora que vive en la zona con sus hijos en un pequeño refugio construido con zinc y madera.

“Para acá se vinieron cuando anunciaron la apertura del relleno, porque ya a Cambalache no estaban llevando los camiones, y de eso es que uno sustenta a su familia, da para comprar las cosas a los hijos”.

En Cañaveral habita otro señor que ya lleva al menos 50 años dedicado al trabajo de la basura. “Esto es como un trabajo normal”, afirma.

‒ ¿Cómo viven diariamente?

‒ Normal, clasificando material y esa broma.

‒ ¿Alcaldía o Gobernación han venido a ofrecerles algún tipo de atención?

‒ Aquí no se conoce quién es gobernador, quién es alcalde, no se sabe ni el nombre, aquí no existe nada de eso, toditos somos alcaldes, gobernadores.

Ni siquiera en tiempo de pandemia reciben alguna ayuda. Militares suelen acudir en las noches y tumban los ranchos donde se refugian. Si alguien se enferma, piden cola a los camiones que ingresan a la zona para que los lleve hasta la ciudad.

Quienes trabajan en el manejo de la basura, exigen maquinarias para facilitar la recolección. Aseguran que militares los obligan a limpiar las vías para que puedan ingresar las compactadoras.

Giovanni Guzmán señaló que ya llevan entre cinco y seis meses sin maquinaria. “Pedimos al gobierno que manden una máquina, para que se nos haga fácil el trabajo, para recolectar hierro, plástico y aluminio. Nosotros mismos limpiamos para que los carros puedan entrar”.

No todos viven allí permanentemente. Algunos van y vienen constantemente, recolectan el hierro, aluminio y plástico, los venden y llevan el sustento a sus hogares.

“Vivimos en San Félix, pasamos dos o tres semanas recolectando, llevamos el sustento a la casa y venimos otra vez. Tengo como 15 años trabajando en esto. Un día vino el alcalde y dijo que iba a mandar una máquina y no mandó nada, eso fue hace como ocho meses”, agregó.

Una obra en ruinas

El exdiputado del Consejo Legislativo del estado Bolívar (CLEB), César Ramírez, denunció que se invirtieron más de 10 millones de dólares en la construcción del relleno sanitario prometido por el entonces presidente Hugo Chávez.

“La última erogación fue en 2016 cuando el alcalde Tito Oviedo recibió 3.5 millones de dólares para terminar este relleno sanitario. Hoy solo quedan ruinas, nunca fue terminado, nunca fue inaugurado. Una vez que se hicieron las construcciones del área civil, la balanza y dos fosas, solo faltaba la impermeabilización y la laguna de tratamiento de lixiviados, y nunca se concluyó. Se perdió el dinero en la vía de la corrupción”, detalló.

Recordó que en 2017, Rangel Gómez solicitó al CLEB un crédito adicional para el proyecto de relleno sanitario, por un monto de Bs. 165.160.359,49.

Ramírez destacó que nuevamente se incumplen las normas sanitarias de la Ley Integral de Manejo de la Basura, al botar los desechos sólidos a cielo abierto.

“Aquí se botan desechos sanitarios, hospitalarios y hasta desechos humanos a cielo abierto. Las batas de uso médico las traen aquí en plena pandemia de COVID-19”.

Inicialmente, el relleno sanitario estaría ubicado en el sector El Pinar, en San Jacinto III, en la vía Ciudad Bolívar-Puerto Ordaz. Ramírez recordó que fue construido en 1995 por la Corporación Venezolana de Guayana y entregado a la Alcaldía de Caroní.

“Se construyeron todas las obras civiles para el relleno sanitario. Lamentablemente, quien era para entonces alcaldesa de Caroní, Pastora Medina, por problemas políticos con Sucre Figarella argumentó que era muy lejos y lo abandonó. Esto se perdió, ocasionándole un gravísimo daño a la sociedad y no tenemos aún un relleno sanitario para Ciudad Guayana. Este es el único relleno sanitario construido en los tiempos de democracia. Se construyó cumpliendo todas las especificaciones técnicas. Las fosas estaban impermeabilizadas, había una fosa para tratamiento de lixiviados y toda una estructura para capturar los gases metano que produce la basura”, precisó. 

Cementerio municipal nunca fue construido

En 2014 el entonces alcalde de Caroní, José Ramón López, prometió para 2017 tener listo el nuevo cementerio municipal de Puerto Ordaz. Este estaría ubicado al lado del cementerio privado Jardines del Orinoco. Este proyecto solo avanzó hasta el movimiento de tierra.

Inicialmente, López prometió que la obra entraría en servicio en el último trimestre de 2016. Para ello se invirtieron 14 millones de bolívares provenientes del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI). Adicionalmente se asignaron 50 millones de bolívares, por medio del Consejo Local de Planificación Pública, para iniciar la primera etapa de la construcción.

Este panteón municipal contaría con una capacidad de 20.144 sepulturas, 10.072 bóvedas superpuestas dobles, un estacionamiento interno de 66 puestos y uno provisional de 153 puestos, área administrativa, cafetín, bulevar de flores con 29 unidades, áreas verdes y 4.552 metros cuadrados de vialidad.

La Corporación Venezolana de Guayana (CVG), para entonces presidida por Carlos Osorio, cedió 50 hectáreas del terreno: 20 de la CVG y 30 pertenecientes a Ferrominera.  

Hospital de San Félix

En 2014, Osorio también prometió un hospital tipo III para San Félix, el cual estaría listo el primer semestre de 2016. En el terreno solo se hizo el movimiento de tierra, y hoy está totalmente baldío. Para su construcción se presupuestaron 450 millones de bolívares.

Según Osorio, este hospital tipo III ofrecería servicios de emergencia para adultos, emergencia pediátrica, hospitalización, quirófano, terapia intensiva, laboratorio y contaría con 220 camas en hospitalización, 24 para observación, 12 en quirófano, 24 en emergencia de adulto, 24 emergencia pediátrica, 14 para terapia intensiva, 10 para terapia intensiva pediátrica y 17 para las residencias de médicos.

El hospital estaría ubicado en la UD-122 del sector Doña Bárbara, en terrenos donados por CVG. Quedaría al lado del espacio cedido por la corporación donde construiría Villa Olímpica, un urbanismo de la Gran Misión Vivienda Venezuela, para 3 mil familias, de acuerdo con la resolución del CLEB, de fecha 4 de enero de 2013. Hoy no hay ni una vivienda construida. 

La promesa de los distribuidores

En su campaña para la reelección en 2012, Rangel Gómez promocionó varios proyectos de envergadura, entre ellos cuatro distribuidores viales: tres en Ciudad Guayana y uno en Ciudad Bolívar. Este último pasó de ser la redoma Las Banderas a una intersección semaforizada.

Los otros tres elevados que prometió nunca se construyeron. José Ramón López también promocionó uno de ellos, el de la redoma La Paz, también conocida como redoma de Makro. Para la primera fase del proyecto, el Consejo Local de Planificación Pública (CLPP) aprobó a la Alcaldía 40 millones de bolívares, recursos que luego esta última solicitó usar para reparar temas urgentes en materia de vialidad.  

Más tarde, el mismo López admitió que aunque el proyecto era parte del plan de la Alcaldía, por ser una obra muy costosa no se desarrolló.

Rangel también prometió elevados en la redoma de Bauxilum (La Piña), en Puerto Ordaz, y en la redoma El Dorado, en San Félix. Para este último, en febrero de 2015 solicitó ante el CLEB 50 millones de bolívares para el “mejoramiento de la circulación vehicular redoma El Dorado en San Félix”. Ninguno de esos elevados o distribuidores se construyeron.  

Promesas interminables

La lista de promesas incumplidas solo crece. El Acueducto Bicentenario que prometió Rangel Gómez, para garantizar la distribución de agua por tubería a la población es una de ellas. Actualmente, varias zonas de la ciudad tienen años sin recibir el servicio de forma regular.

Hay obras que se iniciaron por mandato de Chávez. Además de quedar inconclusas, están vinculadas con casos de corrupción con la empresa brasileña Odebrecht, como la construcción del tercer puente sobre el Orinoco y la represa de Tocoma.

El tercer puente sobre el Orinoco tenía como primera fecha de entrega el 7 de febrero de 2010 y se pospuso para el 31 de diciembre de 2017. De acuerdo con la ONG Transparencia Venezuela, el monto de anticipo fue de más de 148.750 millones de dólares, más de 1.970 millones de bolívares por créditos adicionales, según Gaceta Oficial Nº 40.607, decreto 1.639, de fecha 24 de febrero de 2015.

Para Tocoma se hizo contrato con un monto de anticipo de Bs. 151.583.947.793, equivalentes a 26.338.453 de dólares. El monto pagado, según datos oficiales hasta septiembre de 2017, fue de Bs. 9.371.574.348, y su avance físico 87.19%.

A la lista se suman Pulpaca (fábrica de pulpa y papel al sur de Monagas), Siderúrgica Nacional José Ignacio Abreu De Lima, en Ciudad Piar; Empresa de Producción Social (EPS), Servicios de Laminación, C.A. (Serlaca), en Caicara del Orinoco; EPS Fábrica de tubos sin costura en Sidor, en construcción desde 2007 y paralizada en 2011; la segunda línea de producción de la Planta de Pellas, Ferrominera Orinoco; la V Línea de Alcasa; Ciudad del Acero y Ciudad del Aluminio.

 
 

Editorial Roderick