El ingeniero, sidorista, cofundador de la Academia de Natación Esther Capriles y gestor de la primera asociación de vecinos de la ciudad, murió el 24 de agosto luego de luchar tres años contra el cáncer.

@joelnixb 

uillermo Jiménez falleció el 24 de agosto a sus 82 años de edad, luego de estar enfermo durante tres años con cáncer de próstata. Fue uno de esos venezolanos que encontraron en Ciudad Guayana un lugar donde echar raíces y cumplir sus objetivos. El ingeniero mecánico vino a estas tierras en 1971, seis años después fundó junto a su esposa la Academia de Natación Esther Capriles y emprendió una lucha por hacer respetar la planificación urbana, fundando junto a otros residentes en la urbanización Los Olivos, de Puerto Ordaz, la primera asociación de vecinos de la urbe.

Oriundo del poblado Onoto, en el estado Anzoátegui, pasó parte de su infancia en Zaraza, estado Guárico, y posteriormente se mudó a Caracas. Cursó estudios en Ecuador con una beca parcial otorgada por el empresario Eugenio Mendoza y realizó su pasantía en la Siderúrgica del Orinoco (Sidor). “A él le gustó muchísimo esa empresa y decidió quedarse aquí, una vez graduado empezó a trabajar en Sidor”, comentó su esposa Esther Capriles.

Para ese entonces Esther era profesora de natación en el Liceo Gustavo Herrera en Caracas, era nadadora profesional y medallista de oro en Ecuador donde representó a Venezuela en 1961.

Ella decidió agarrar sus maletas y venirse a Guayana en febrero de 1972, porque “para ese momento en Sidor trabajaban hasta las cuatro de la tarde, y los sábados hasta el mediodía, a esa hora salía del trabajo y se iba a Caracas para devolverse el domingo y yo decía ¡Qué va, ese hombre se va a matar por esa carretera con ese Volkswagen! Y me vine”, contó entre risas.

Se casaron en agosto de 1972, vivieron cuatro años en Mapanare, campamento de la siderúrgica, y tuvieron a sus dos hijos María Esther y Guillermo Isaac.

La primera asociación de vecinos en Guayana

Una mañana de 1977, recién mudados a Los Olivos, Capriles miró a unos topógrafos trabajando en un terreno vacío que quedaba frente su casa y que estaba declarado, según la Ordenanza de Zonificación de 1970, como servicio de recreación pasiva (SRP) y llamó a su esposo a Sidor para avisarle.

La empresa Gcinca, formada por Inavi, compañías subsidiarias de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y particulares, desarrollaría un proyecto de apart-hotel en esa propiedad.

“Inmediatamente él se vino y habló con los topógrafos, el Inavi iba a construir tres superbloques en ese terreno, en otro que queda al frente de Supermercado Los Olivos y en la placita de los abuelos. Él se propuso defender esos terrenos para la comunidad porque eran destinados para áreas recreativas y pensábamos que si se hacía esa construcción iba a afectar a toda urbanización”, dijo Esther.



 
Vecinos de Los Olivos sostuvieron una reunión con el gobernador Jesús Álvarez Fernández para hablar sobre los apart-hotel | Fotos cortesía

Es así como Jiménez incentivó a otros 17 vecinos y formaron un movimiento que velara por los derechos de la comunidad que, meses después se transformó en la Asociación de Vecinos de Los Olivos (AVLO), la primera en la ciudad. Antonio Vecchione, Fernando Sayalero, Arberto Poleo, Mitzy de Poleo, Odinah Fiol, Teodardo Porras y Miranda Delgado, entre otros, fueron los vecinos que lucharon en la AVLO.

“Ellos comenzaron a hacer gestiones con CVG, con la municipalidad y la Gobernación para que los terrenos siguieran siendo áreas recreativas, fue una pelea larga”, comentó Capriles. El 20 de enero de 1978 ganaron la pugna, el entonces presidente de CVG, Argenis Gamboa, se reunió con los vecinos para indicarles que por órdenes del Ejecutivo nacional ya no se construirían los superbloques en ese espacio.

Luego se crearon otras asociaciones de vecinos en Ciudad Guayana y Jiménez fue asesor de algunas, incluso en San Félix, ya que manejaba la información legal de estas. “En Caracas habían algunas, era un movimiento que estaba naciendo, era una forma de organización dentro de las comunidades. Luego de la Asociación de Vecinos de Los Olivos, se fundó una en Villa Colombia”, explicó el periodista Damián Prat.

En ese tiempo Prat formaba parte del Concejo Municipal. Comentó que un día Jiménez lo llamó para explicarle que la Ordenanza de Zonificación establecía que se debía constituir una comisión de zonificación que, entre otras responsabilidades, debía defender las zonas donde no se debía construir. Prat llevó la solicitud al Concejo y fue aprobada. “Es ahí cuando el Colegio de Ingenieros designó a Guillermo como representante ante la comisión de zonificación y había representantes de CVG y de planificación urbana municipal”, explicó el periodista.

Esther Capriles afirmó que “había un grupo que se dedicó a la zonificación y lograban paralizar construcciones indebidas. Después que salieron de ahí, las constructoras empezaron a hacer lo que les dio la gana, comenzaron a cambiar las zonificaciones, muchas veces por los caminos verdes, incluso, a él lo amenazaban de muerte”.

 

La Plaza Chipía

En ese terreno por el que luchó la AVLO se comenzó a construir la Plaza Pedro Miguel Chipía. “La iniciaron los vecinos con apoyo de una constructora. Se hizo la primera pista de trote, la primera cancha y los árboles, eran del Parque Loefling y se los solicitamos a CVG”, explicó Capriles. Posteriormente CVG llevó a la arquitecta Gloria de Pocaterra y diseñaron la plaza inaugurándola en 1981.

Después de construirla la constructora reunió a los vecinos y les indicó que debían mantener la plaza, Jiménez los organizó por sector para que contribuyeran con el mantenimiento. “Yo iba de casa en casa mensualmente buscando la colaboración y contratamos a un señor para el mantenimiento”, comentó. Posteriormente, la familia Jiménez Capriles decidió asumir el cuidado de la plaza.

Guillermo Jiménez junto a sus nietos Elías y Alejandro en la Plaza Chipía en 2015, la foto fue para el aniversario número 54 de Ciudad Guayana | Foto Correo del Caroní | Archivo

“Quedamos nosotros con la escuela de natación haciéndole mantenimiento a la plaza, le pagábamos al señor, cuando venía la temporada del plan vacacional se le hacía la reparación al parque infantil y se soldaba todo lo que estaba roto, se pintaba y se volvía a instalar”, explicó Capriles.

Durante un tiempo compartieron esa responsabilidad con el Colegio Integral Guayana I. “Luego que cerramos la academia, como no teníamos más ingresos, tuvimos que desistir de la persona que pagábamos para el cuidado de la plaza. Ahora los vecinos se organizan para limpiarla, pero no es algo fijo, ahorita está en mal estado, me da mucho dolor verla así”, expresó con nostalgia.

 

 
 


Academia de Natación Esther Capriles

También en 1977 el matrimonio decidió construir la primera academia de natación en la ciudad. “Eso fue idea de Guillermo, a él se le metió entre ceja y ceja construirla para que yo la trabajara porque yo daba clases en el Club Caronoco, en el Club Náutico y en el Hotel Intercontinental”, afirmó Esther.

La inclinación por el deporte de Esther fue inculcada por su padre, Teodoro Capriles, un destacado ciclista, cantante, pintor y nadador, fundador de la Federación Venezolana de Natación y de la Federación Venezolana de Ciclismo. “Papá se encargó que sus cinco hijos tenían que ser nadadores, se hizo socio de un club en Caracas porque tenía piscina y ahí aprendimos a nadar todos”, comentó.


Esther Capriles y Guillermo Jiménez en el aniversario 35 de la academia de natación 
     

A raíz de un mal salto estudiando Educación Física, se lesionó la columna y no pudo seguir nadando y para no estar alejada de su pasión se dedicó a la docencia.

“¡Esa fue una excelente idea de Guillermo! Comenzamos a buscar una residencia donde se pudiera construir una academia y compramos dos parcelas en Los Olivos. En ese tiempo todo el que llegaba aquí podía construirse su casa, hoy en día eso es difícil”, dijo.

Materializado el sueño del matrimonio, duraron 41 años con la academia, Esther de directora académica y Guillermo como director administrativo, calculan que entre bebés, niños, jóvenes y adultos, más de 60 mil guayaneses aprendieron a nadar en sus piscinas. Cerraron sus puertas el 31 de mayo de 2018.

“Era un sitio para la enseñanza del deporte, practicaban desde bebés de ocho meses hasta adultos, algunos de nuestros alumnos luego participaron en grandes competencias, como el Paso a Nado entre el Orinoco y el Caroní. Estuvimos trabajando hasta que pudimos, el cloro y todo se puso tan costoso que no podíamos costearlo ni siquiera subiendo las tarifas”, señaló.

Capriles recuerda con alegría que todos los años, durante un largo periodo, los 15 de julio iniciaba los planes vacacionales de la academia, con actividades deportivas, recreativas y paseo a los parques Punta Vista, Cachamay, La Llovizna, Loefling y La Fundación, hoy en día deteriorados

“Él trabajó mucho por la ciudad”

Capriles piensa que el aporte que dejó su esposo para la ciudad fue defender durante años las zonificaciones, que aunque CVG se dedicó a construirla y a especificar qué fin iba a tener cada terrero, fue un grupo de personas el que se encargó de hacer respetar, por un tiempo, esas leyes. “Él trabajó mucho por la ciudad, era una ciudad nueva, con terrenos enormes. Se lograron respetar terrenos, como la Plaza Chipía, y se fomentó la lucha y organización vecinal”, destacó.

“Sembró esa idea de luchar por el bien de las comunidades, no fue él solo, fue parte del movimiento y uno de los más importantes. Fue alguien que entendió que la ciudad debía hacerse con participación vecinal y con participación de instituciones que velaran por el uso correcto de los espacios”, comentó Prat.

“Guillermo vivió bastante, tuvo una familia buena y bonita, estuvimos 49 años juntos, estuvimos hasta el final. Cuando la gente muere todo el mundo habla bien de ellos, pero en este caso no es así, es la realidad, las manifestaciones de afecto han sido muchas, porque él fue solidario, honesto y recto”, confirmó Esther Capriles.

 
 

Editorial Roderick