Se cumplen 10 años de la juramentación de los “presidentes-trabajadores” en las empresas básicas de Guayana. Damián Prat hace un balance de lo que llama el falso control obrero y del Plan Guayana Socialista 2009-2019.

Con ese mismo título escribí mi columna Público & Confidencial a mediados de febrero de 2015, haciendo un balance, seis años después de aquel fracasado plan.

Releer ese texto cinco años y tres meses más tarde es revivir, ahora ampliado a niveles impresionantes, la memoria de ese colosal fracaso robo-lucionario y sobre todo del engaño del llamado “control obrero” que fue la otra forma de identificar el “plan”.

Si se buscan las columnas de aquellos días de 2009 se encontrarán muchas cosas importantes, incluyendo un documento “secreto” de los ministros Giordani e Iglesias que se filtró hasta nuestras manos por trabajadores chavistas descontentos.

Ese plan de mayo y junio de 2009 fue presentado por el propio Hugo Chávez y varios ministros como un cambio estratégico que le daría a “los trabajadores” la conducción de las industrias de Guayana.

En los hechos nunca fue así y, por supuesto, terminó siendo engavetado e incluso oficialmente cancelado por ellos mismos en 2012.

Durante semanas hicieron reuniones a puerta cerrada que vendían en el canal 8 (VTV) y en boletines de prensa como “de los trabajadores”, pero muchos denunciaban -y era así- que solo participaban grupos escogidos de la FBT (Fuerza Bolivariana de Trabajadores) de cada empresa que dirigía a nivel central, por aquel entonces, Nicolás Maduro.

Tenían listas estrictamente filtradas. Ni siquiera dejaban entrar a todos los chavistas. Menos que menos podían participar dirigentes sindicales, trabajadores activos y/o activistas de los muy amplios sectores laborales democráticos o simplemente técnicos y trabajadores que no fueran de la secta FBT.

Lo del “control obrero” era una operación de engaño demagógico de Chávez, de la entonces ministra María Cristina Iglesias y de otros altos funcionarios. El objetivo era embaucar a sus militantes en una nueva fase del plan diseñado por el ministro de Planificación Jorge Giordani y ensayar en la Guayana Industrial un modelo de economía ultra estatizada que tanto entusiasmaba a Chávez: un circuito económico totalmente estatizado.

Increíble que tras 50 años del fracaso soviético y fidelista, la caída del muro de Berlín e, incluso, en medio de los cambios en la China comunista hubiese quien pensara en un proyecto así.

El Plan Guayana Socialista 2009-2019 incluía también el concepto de hipercentralización, típico del Gosh Plan soviético de los años 30 a 70.

El documento al que tuvimos acceso -parte de eso se puso en práctica en los meses siguientes- incluía eliminar las figuras jurídicas de las empresas del Estado (este aspecto se les dificultó por varias razones) y/o las que estaban siendo estatizadas, y poner todo en manos de dos monstruos burocráticos centralizados llamados corporaciones socialistas del hierro y el acero y del aluminio.

De paso, eliminaban hasta los sindicatos existentes “porque no son mecanismo de participación sino de lucha”, textual en aquel documento, para así proponer crear unos sindicatos centralistas, enormes, designados desde el gobierno, al estilo de los de Cuba e incluso a los “sindicatos bolivarianos” de Pérez Jiménez en 1952.

“Eso no es control obrero. Es controlar al obrero”, decían en reclamo con burla los trabajadores en aquel 2009. Era el sarcasmo más común en las áreas de trabajo y en los portones de las industrias por aquellos días.

Pero la mentalidad hipercentralista que al respecto tenían Chávez y varios jerarcas de la “revolución”, requería el populismo de hacer creer que era “control obrero”. Pronto, hasta el engaño populista, fue sustituido progresivamente por el militarismo que era la otra obsesión del “comandante”.

Y en los siguientes meses colocaron varias fichas militares como “coachs” en posiciones claves y finalmente los “presidentes obreros” fueron sustituidos por “presidentes generales y coroneles” hasta que en 2012 se decretó -Chávez dixit- el “fracaso del control obrero”. Y las posiciones claves, incluyendo presidencias, fueron ocupadas por militares en casi todas las empresas. Allí firmó la defunción del (falso) control obrero.

Aunque los dirigentes sindicales del sector FBT, transformado en Central Bolivariana, siguieron teniendo puestos de poder para el control burocrático, poco a poco fueron desapareciendo (vía CNE y TSJ) las elecciones sindicales, con especial énfasis en la suspensión en Sidor y FMO donde iban en ruta a derrotas.

Ya para 2018 Maduro decretó ilegalmente la desaparición de las escalas salariales y otros aspectos que significaron la liquidación, en los hechos, de los contratos colectivos, lo cual desató una nueva ola de protestas laborales a lo largo de varias semanas como marchas, asambleas, trancas en varios lugares de la zona industrial.

Esa fue la causa de la prisión para los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Profesionales de Venalum (SutraPuval), de varios ferromineros y la prisión y juicio militar contra Rubén González, secretario legítimo de Sintraferrominera, y coordinador de la recién creada Intersectorial de Trabajadores de Guayana (ITG).

Hoy en día el régimen desconoce a los sindicatos, anuló ilegalmente y en los hechos, los contratos colectivos. Las empresas están casi todas en CERO producción. Sidor tiene dos años sin sacar ni una colada de acero y por supuesto cero laminación, etc. Venalum y Alcasa no llegan a 1% de sus celdas de reducción electrolíticas activas. Bauxilum no llega al 2%.

CVG Proforca, hoy renombrada Maderas del Orinoco, tiene tres años sin nuevas siembras de pinos y ha perdido en incendios forestales unas 200 mil hectáreas de pinos.

Una empresa de Turquía saca todo lo que puede de madera y se lo lleva a ese país. Es una historia mucho más larga que requeriría varios reportajes para contarla. Aquel Milagro al Revés de nuestro libro de 2012, se fue haciendo peor. La destrucción de la soberanía nacional productiva en sectores clave para la economía nacional y la industria en toda Venezuela a partir del acero, el aluminio y la madera de Guayana; las obras inconclusas y la enorme corrupción serían tema de otros trabajos. Eso es el balance de 11 años del (falso) control obrero y del Plan Guayana Socialista 2009-2019.




 
 

Editorial Roderick