Alinca concentra sus esfuerzos en la recuperación nutricional de niños y niñas y la asistencia en saneamiento dentro de comunidades, escuelas y hospitales.

@mlclisanchez

La Alianza Internacional Cielos Abiertos (Alinca), una organización regional sin fines de lucro, tiene dos años trabajando con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para paliar la desnutrición infantil dentro de las comunidades del estado Bolívar, aunque recientemente amplió su asistencia a los estados Anzoátegui y Delta Amacuro.

Esta organización asegura que ha ayudado a al menos 30 mil niños indígenas y no indígenas a alcanzar un peso saludable, una labor que se vuelve imprescindible en un momento en el que 166 mil niños menores de cinco años califican como desnutridos y en el que el 21% de los niños en Venezuela están en riesgo de desnutrición, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi).

   
Alinca también brinda asistencia en saneamiento a hospitales de Bolívar, como el tanque instalado en el hospital Ruiz y Páez | Fotos Vitter Tineo

Es lo que motiva a las organizaciones a ser un colchón que amortigüe los golpes de la crisis alimentaria. “Un niño recuperado no tiene precio, cuando ves a un niño sonriendo, ves el cambio te motivas porque puedes sentir que salvaste una vida, esa es la mayor motivación, sabemos que si no llegamos hasta allá (las comunidades) puede peligrar una vida”, manifestó Yasibit Bolívar, miembro de la junta directiva de Alinca, y quien está a cargo de todos los programas de la organización.

El abordaje de los niños desnutridos en las comunidades se hace bajo dos líneas de acción: la atención intrahospitalaria a la que refieren al niño si lo requiere, y la asistencia domiciliaria con puntos de seguimiento, en la que el niño entra en un régimen nutricional con fórmulas alimenticias listas para el consumo hasta recuperar su peso saludable, esto se aplica a niños menores de 5 años. También cuentan con un programa de desparasitación de niños entre los 2 y 14 años.

Alinca hace entrega de micronutrientes a mujeres embarazadas o madres lactantes luego de una evaluación de su índice de masa muscular, e incentiva la lactancia materna. “Nosotros incentivamos a que todo niño menor de 6 meses pueda recibir lactancia materna exclusiva, por ello le damos a las madres todas las técnicas y orientaciones, muchas veces tenemos que incentivar la relactancia porque el niño se desnutre porque la mamá desconoce las técnicas para lograr que su cuerpo pueda producir la leche”, explicó.

En Venezuela, el contrapeso del hambre y la crisis hospitalaria han sido las organizaciones no gubernamentales y la asistencia humanitaria de organismos internacionales, en reiteradas ocasiones rechazada con violencia por el Gobierno nacional.

En medio de la emergencia humanitaria compleja, organizaciones como Alinca insisten en que la asistencia a las comunidades vulnerables debe partir de una iniciativa sin distinción política. “Esto no tiene distinción política ni religiosa, es para todos y todos debemos estar involucrados, a cielos abiertos, no porque pertenezcamos a un grupo político o religioso. Tenemos un principio de imparcialidad total y eso es a cielos abiertos, debemos unirnos para lograr ese fin”.

Saneamiento y orientación familiar

La organización concentra sus esfuerzos en educar sobre el tratamiento del agua en las comunidades, y todas las opciones disponibles para potabilizarla, esto es fundamental para la salud de los niños que están en recuperación nutricional.

   
La organización brinda asistencia sanitaria y nutricional a comunidades indígenas y no indígenas incluso durante la cuarentena por COVID-19, respetando las medidas de bioseguridad

“Uno de los factores más importantes son las enfermedades por el agua, cuando tenemos un niño en proceso de desnutrición e ingiere agua no tratada, le puede dar una diarrea que en tres días puede acabar con el trabajo de recuperación de peso que hemos venido trabajando con él”, explicó Bolívar.

El derecho a crecer en familia es una de las principales promociones de la organización, entrar a las comunidades vulnerables permite a los promotores de Alinca identificar casos de vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes, que a su vez les permite trabajar en conjunto con el Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes para orientar a niños sin escolarizar, o dejados atrás que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Los niños dejados atrás son consecuencia de la crisis económica que ha obligado a sus padres a migrar hacia otros países o hacia el sur del estado Bolívar para involucrarse con la minería ilegal, dejando a los niños al cuidado de terceros. “Eso hacía que el niño se encontrara en una situación muy vulnerable”.

Para el 2019, el Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap) contabilizó a al menos 930 mil niños dejados atrás producto de la migración forzada, el porcentaje de retorno de los padres es del 19%, por lo que es fundamental el acompañamiento de las oenegés para monitorear la situación de estos niños en medio de su vulnerabilidad.

En medio de un país con una tasa de desnutrición infantil ascendente y un índice importante de niños dejados atrás, todo esfuerzo organizacional se vuelve imprescindible.

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