La coordinadora de la Fundación Isaías 58 apoya comunidades exhortó a otras organizaciones de la ciudad a sumar esfuerzos durante la pandemia por COVID-19 aumenta las vulnerabilidades de las barriadas más desasistidas.

@mlclisanchez
La fundación cristiana Isaías 58 entregó combos de pasta, huevos, azúcar, mantequilla, harina de maíz y sardinas enlatadas a 30 familias de la comunidad La Sabanita, frente al Core 8 en Puerto Ordaz, este miércoles 6 de mayo.

Al principio entregaron medio cartón de huevos por familia, pero acudieron tantas personas que -para rendirlo- el medio se convirtió en un cuarto por familia.

La coordinadora general de la fundación, Moraima Solórzano, informó que llevan tres años abordando comunidades históricamente desasistidas por el Gobierno nacional. Aseguran haber conseguido insumos a través de remesas del exterior, de personas y otras fundaciones extranjeras que se han comprometido con esta organización cristiana sin fines de lucro para ayudar a sobrellevar la emergencia humanitaria compleja en Guayana, específicamente en el área de alimentación.

   


“Tenía años, años, años, ¡años!, que yo no veía esto en mi casa (huevos y sardinas enlatadas)”, expresó Yodeska Piñango, madre de tres hijos | Fotos William Urdaneta



Al principio se entregó medio cartón de huevos por familia, pero luego acudieron tantas personas que el medio se convirtió en un cuarto por familia. La meta es entregar al menos seis rubros

Al llegar el voluntariado, la mayoría de las familias salieron precipitadas de sus hogares para recibir alimentos básicos que, aseguran, llevan tiempo sin probar

Junior sufre de epilepsia, hace un año que no cumple tratamiento, come una sola vez al día y depende de sus vecinos para hacerlo. La jornada lo sorprendió

Moraima Solórzano instó a otras fundaciones a que se unan en un momento en el que la pandemia aumenta las vulnerabilidades de las comunidades ya desasistidas

La fundación se creó el 13 de abril de 2017 e inició su labor en las zonas de Castillito y Alta Vista en Puerto Ordaz; por un tiempo concentró su acción en el Hospital Uyapar los martes y viernes, donde repartían alimentos proteicos. También asistían al Hospital Dr. Raúl Leoni de Guaiparo.

Los sábados solían repartir 100 litros de sopa en el hospital Ruiz y Páez en Ciudad Bolívar, sin embargo, detuvieron temporalmente el operativo por falta de combustible y por respeto a las medidas de seguridad necesarias para contener los contagios del nuevo coronavirus.

Luego extendieron la labor al abordaje de algunas barriadas en condiciones precarias durante la cuarentena, afectadas por la falta de ingresos para subsistir durante el distanciamiento social.

“Llevamos el amor de Dios al necesitado, ese es nuestro eslogan”, expresó la coordinadora general de la fundación, Moraima Solórzano. Por lo general, en las jornadas de asistencia social la meta es entregar al menos 6 rubros por familia. “La idea es que cada quien lleve algo a su casa”.

Al llegar el voluntariado a La Sabanita, la mayoría de las familias salieron precipitadas de sus hogares para recibir alimentos básicos que, aseguran, llevan tiempo sin probar. 

Junior Crespo no tiene trabajo fijo, su fuente principal de ingresos siempre ha sido “lo que salga”, desde carpintería hasta rastrillar patios. El hambre y la alacena vacía en su hogar se hizo cada vez más recurrente conforme iban avanzando los días de cuarentena al tiempo que las oportunidades de trabajo comenzaban a escasear.

Junior sufre de epilepsia, hace un año que no cumple tratamiento, come una sola vez al día y depende de sus vecinos para hacerlo. La jornada lo sorprendió, pues ese día -como casi todos- no tenía nada que comer.

Las familias de la barriada acudieron a la actividad emocionadas. “Uno no se espera esto, en estos tiempos, todos los días hacemos maroma para darle comida a estos niños”, dijo Yodeska Piñango, señalando con la boca a los tres niños que la acompañaban, cada uno con un rubro. “Tenía años, años, años, ¡años!, que yo no veía esto en mi casa”, expresó mientras levantaba el medio cartón de huevos y las latas de sardina recién entregadas.

A Yodeska también la golpeó la cuarentena, la falta de ingresos y los meses que la caja de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP) tiene sin venir a la comunidad. Para 2019, Datanalisis reveló que el 83% de las familias dependen del CLAP para alimentarse, cuando decide llegar.

El Ejecutivo prometió abastecer a las comunidades con las cajas del CLAP de forma continua el período que dure el decreto de emergencia sanitaria por la pandemia de la COVID-19. Ya para la primera semana de cuarentena el suministro falló.

“A veces llega cada dos meses, a veces tres meses”, reportó Yodeska, quien además aprovechó de quejarse porque lleva más de una semana cocinando a leña. Su esposo trabaja en la parada de los pisteros (carros por puesto), lo que ganaba ahí era su único sustento. Ahora dependen de los bonos gubernamentales valorados entre los 150 y 300 mil bolívares.

Isaías 58 entrega alimentos una vez a la semana, y -como otras fundaciones en medio de la emergencia humanitaria compleja- decidió intentar suplir, dentro de lo posible, las carencias de algunos sectores, aunque esto no puede reemplazar las responsabilidades intransferibles del Estado.

La evaluación de seguridad alimentaria del Programa Mundial de Alimentos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), publicada el 23 de febrero, reveló que 7,9% de los venezolanos están bajo una inseguridad alimentaria severa y, además, la región Guayana es una de las zonas con mayor inseguridad alimentaria en el país: Delta Amacuro (21%), Amazonas (15%) y Bolívar (11%). Por eso la labor de las fundaciones se vuelve fundamental.

Este viernes 8 de abril, Isaías 58 repartirá 300 arepas, jugo de mango y frutas en la Plaza del Hierro en Alta Vista. “Dios nos está impulsando a esto, porque hay mucha gente que no tiene nada”, manifestó la directora de la organización cristiana.

Solórzano exhortó a todas las fundaciones que han abordado a las comunidades, hospitales y barriadas de la ciudad a que se unan en un momento en el que la pandemia aumenta las vulnerabilidades de las personas más desasistidas.

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