La escasez de combustible aleja más a las personas de las ya trabas y alcabalas impuestas por el gobierno entre los estados para evitar el aumento de contagios en el país.

@g8che

La cuarentena dejó varadas a familias que no han logrado, en más de dos meses, regresar a sus sitios de origen. En la mayoría de los casos, esto ha significado un gasto con el que ya no pueden costear o afecciones a la salud. Luis Leal es uno de ellos. Tiene 30 años y llevaba tres meses trabajando como guía turístico en la Gran Sabana antes del anuncio de la cuarentena.

Salir de su casa al estado Bolívar le permitió generar una mayor entrada de dinero para ayudar a su familia en Barquisimeto. El 8 de abril, en pleno decreto de Estado de Alarma, decidió viajar hacia el estado Lara de visita y retirar su título de licenciado en Idiomas Modernos, sin saber exactamente las condiciones del confinamiento por la COVID-19. Por la escasa conexión a internet en San Francisco de Yuruari casi no tenía información.

Contactó a su mejor amigo de la universidad para quedarse unos días en Puerto Ordaz y continuar los días siguientes a Barquisimeto, sin contemplar que se quedaría varado allí. Cuando llegó a Puerto Ordaz contaba con 220 dólares para ayudar en su casa y otros gastos personales: con el pasar de los días y los gastos en alimentos tan solo le quedan 30 dólares. “He tenido una dieta excelente, pero creo que eso va tener que cambiar, estoy a la buena de Dios”, indicó preocupado.

Luego de casi dos meses del inicio de la cuarentena, la escasez de combustible y los precios de la gasolina -3 dólares el litro- aumentó los costos de transportes a nivel nacional que pueden cobrar hasta 700 dólares por cada viaje. “Yo no tendría la capacidad de dar los 700 dólares, ni 600 para que me lleven a mi casa ahorita, no tengo posibilidad de ir a mi casa, a menos que sea en una cola”, comentó resignado. Para generar ingresos se postuló en algunos trabajos de traducción vía internet ya que teme que puedan acabarse sus recursos y no tenga cómo regresar a casa.

En Venezuela desde la cuarentena se ha paralizado los viajes aéreos y terrestres entre estados, incluso regiones como El Callao, Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz tienen ciertas restricciones de tránsito. Sector alimentos y salud son prioritarios y para comprar comida la hora permitida es hasta las 2:00 de la tarde.

Otra de las personas que prefirió mantenerse bajo anonimato relató que viajó desde Bolívar al estado Aragua para visitar a su padre. Su fecha de regreso estaba pautada en avión para el 22 de marzo, pero una semana antes, la cuarentena cambió sus planes.

El cierre de los aeropuertos la dejó sin posibilidades de viajar y por lo que preguntó un carro por puesto no es una opción: salir desde Caracas hasta el estado Bolívar vía terrestre tiene un costo de 650 dólares. La paralización de las refinerías y el desplome de la industria petrolera ha traído consigo escasez e incremento del combustible, a su vez el aumento exorbitante de los viajes terrestres.

Aparte de ello los gastos que implican el pago para regresar a casa no generan garantías seguras de que pueda llegar bien a Puerto Ordaz. “No te dan la seguridad que te dejen pasar de estado en estado”, relató. Otra de las opciones que le han abierto ha sido volver en viajes de la Guardia Nacional Bolivariana, pero no confía al no tener relación con ningún funcionario.

Está tranquila por estar en casa con su padre. Aseveró que lo más preocupante son las complicaciones para recibir el dinero que le manda su madre y la angustia que tiene al no saber cuándo pueda volverá a su hogar. “Es un viaje como de 10 horas, por una carretera sola, donde hay cuarentena y donde no sabe si la guardia te va a parar o no te va parar”, finalizó.

Venezolanos que regresaron del exterior en los viajes humanitarios propagandeados por el Estado también quedaron varados, pero dentro de su país. Stefany Belisario lo vive con su madre de 62 años, quien regresó el 22 de marzo en un vuelo humanitario desde Cuba y quien sufre de Lupus Eritomatoso Sistémico (LES), una enfermedad autoinmune que puede generar problemas renales y en sus articulaciones. Su madre por la edad avanzada y la enfermedad es una de las personas más vulnerables de contagiarse por COVID-19.

Desde que aterrizó su avión a las 9:00 de la noche solo se les chequeó la temperatura a los pasajeros: “Mi mamá, así como todas las personas que venían en ese vuelo eran un foco de contagio”, indicó Belisario, pese a ello no hubo cuarentena ni prueba para constatar el estado de esos ciudadanos. Tampoco había funcionarios de seguridad que los guiaran en esa situación, no se le entregó carta de movilidad ni salvoconducto.

Desde su llegada llamó al 0800-COVID -plataforma de atención telefónica creada por el Estado- donde le recomendaron asistir a los centros de diagnóstico integral (CDI), allí iba a ser atendida y de estar bien llevada de vuelta a casa, pero no fue así. El día 30 de marzo su madre se practicó la prueba rápida y de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) para constatar su estado pero al determinar que no estaba contagiada le dijeron que no podrían ayudarle de otra forma.

Fue a puntos de control en Caracas y se dirigió al Comando Estratégico Operacional, pero en todos los lugares que visitó siempre la redirigían a otros sitios. “¿Cómo no le puedes dar una solución?, preguntó Belisario indignada.

Desde su llegada su mamá tuvo que quedarse en la casa de unos amigos de la familia que les abrieron sus puertas para poder resguardarse, las posadas al saber su condición no aceptaron recibirla por más intentos que hicieron Stefany y su hermana para la seguridad de su madre y evitar mayores molestias en otros hogares.

Han tenido ofrecimientos para que su madre se devuelva en camiones de alimentos, pero sus condiciones de salud no se lo permiten. “Cónchale, no quiero arriesgarme a ese tipo de trances”, le comentó su progenitora. Hasta los momentos no ha podido conseguir quién le permita el acceso a salvoconductos para poder regresar a casa, mientras tanto Belisario continúa exigiendo garantías que le permitan tener bajo resguardo a su madre.

Personas contactadas manifestaron haber logrado viajar entre estados luego de ser entregados salvoconductos donde se establece su condición. Vehículos en el que se trasladan y destino al que se dirigen, sin embargo, otras personas relataron que les tocó llegar hasta el estado Bolívar en viajes realizados por la Guardia Nacional o con el apoyo de distribuidores de hortalizas.

Aunque el equipo de Correo del Caroní intentó contactar vía telefónica con el general de división Humberto Núñez Hernández, con el almirante William Serantes y con el secretario de Seguridad Ciudadana para saber información sobre los protocolos que se deben seguir para viajar de una región a otra las solicitudes no fueron contestadas.

El Gobierno nacional ha informado durante la cuarentena la aplicación del Plan Vuelta a la Patria como medida para resguardar a venezolanos que han quedado varados en otros países sin oportunidades de trabajo ni ahorros para mantenerse, pero la política ha carecido de medidas preventivas: Personas cumpliendo cuarentena en lugares inadecuados como canchas y colegios, pésima comida y nulo traslado para sus estados de origen.

Se desconoce cuántos venezolanos han quedado varados en su propio país.

La cuarentena, las medidas económicas aplicadas por el Estado y las pocas garantías de traslado han dejado a los ciudadanos en una situación más vulnerable de la que ya estaban con la emergencia humanitaria compleja.

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