El fin de semana al menos 10 locales fueron robados en el Mercado Municipal de San Félix. Locatarios aseguran que si no es la delincuencia organizada que saquea los comercios, es la policía que “matraquea” en los puestos de control.

En el mercado municipal, en el centro de San Félix, cada día la delincuencia toma más espacio. La falta de seguridad durante las noches ha llevado a que los locales se hayan vuelto en un lugar de cómodo acceso para los malhechores.

Los últimos robos ocurrieron el sábado, pero los comerciantes aseguran que es el pan de cada día. A Jesús Rojas, un comerciante de víveres, le robaron el fin de semana dos de sus locales: en uno hicieron un hueco por el techo y en el otro rompieron los candados. Se llevaron una carrucha, una laptop y un peso electrónico. Calcula que las pérdidas en mercancía alcanzan los 96 millones de bolívares, unos 1.280 dólares a la tasa de cambio paralelo para este lunes.

A Hildemaro Silva, un charcutero del mercado, le llevaron el motor de la nevera que estaba en la parte superior de la tienda. Aunque esta vez, apunta, no se metieron en el local.

Es esa la razón por la que todos los días deben sacar la mercancía y resguardarla en sus casas: “Esto es un trae y lleve todos los días”, comentó Silva. Aunque tampoco esta es una decisión fácil, agregó Rojas. Sacando la mercancía del local o dejándola dentro, corre igual peligro de perderla. Los puntos de control por los que pasa diariamente, de su casa al negocio, son utilizados por funcionarios de seguridad para hacer decomisos de sus víveres: “todo es un matraqueo, me la quieren quitar a juro”, dijo indignado.

A pesar de que en varias oportunidades han pedido resguardo tanto a la Alcaldía de Caroní como a cuerpos de seguridad, no ha habido respuesta. Piensan que una solución sería la instalación de un comando de la Guardia Nacional.

Pérdidas millonarias

Jeffersson Castillo es dueño de una pollera de la cual ahora queda muy poco. Lleva dos años trabajando en el mercado y el fin de semana le robaron 45 pollos vivos, dos bombonas y cuatro jaulas, además de herramientas. Aunque es la primera vez que lo roban, conoce otros comerciantes cercanos a quienes les han cargado con electrodomésticos y mercancía.

 
Aparte de los robos, comerciantes sufren el cobro de vacunas y medidas de represalia por parte de los colectivos en el centro de San Félix | Foto William Urdaneta
 


El martes, cuatro días antes del último asalto, otro comercio fue saqueado. Ezequiel Alfonso, encargado de esa pollera, denunció que le llevaron 30 pollos, lo que para él le representa unos 7 millones de bolívares en mercancía (alrededor de 100 dólares).

“Esto no se recupera”, manifestó Alfonzo, quien cree que para reponer su mercancía tendrá que hacer uso de los ahorros que mantenía.

Vacunas por seguridad

A pesar que algunos grupos parapoliciales -a los que llaman colectivos- cobran vacunas cada sábado, nadie es encargado de la protección de estos comercios durante la noche. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) no le permite la permanencia a los que -se supone- reciben dinero por la vigilancia de los locales.

Antonio Bolívar, director de mercados municipales en Caroní, declaró que el resguardo durante el día de los locales corresponde a la Policía Municipal pero que durante la noche la vigilancia del mercado depende de los adjudicatarios: “Ellos son los dolientes, ellos son los que tienen que ir a poner la denuncia porque esos son sus bienes y la guardia y custodia lo están cancelando ellos”.

A pesar de que varios comerciantes aseguraron pagar hasta 70 mil bolívares semanales a los colectivos para garantizar su seguridad y la de sus bienes, ni siquiera esto funciona. Uno de los trabajadores -quien no se quiso identificar por temor a represalias- comentó que hay un estado de persecución y amenaza por parte de estos grupos, quienes atentan contra los locales al no cancelar la cuota establecida: “Si no pagas la vacuna te mandan a robar”, aseguró.

Los comerciantes exigen que de cobrar algo, haya una vigilancia constante y se dé respuesta oportuna ante los hechos. Mientras tanto siguen asfixiados ante cualquier posibilidad de surgir económicamente: la falta de seguridad estatal, las amenazas y cobros de vacunas tan solo son una de las problemáticas que sufren cada día para trabajar.